Mundial 2026: apuestas deportivas y adolescentes, la primera deuda de sus vidas llega antes que el primer sueldo

El Mundial 2026 va a ser el evento más apostado y mientras los adultos discutimos pronósticos, hay una generación que está aprendiendo su primera lección financiera en la peor aula posible: una plataforma de apuestas.

Vamos a los datos que son contundentes. El Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina relevó 11.421 encuestas en 231 escuelas secundarias de 16 provincias y encontró que 6 de cada 10 adolescentes tienen contacto directo o indirecto con el juego digital. El 16% participa apostando y un 45% convive con personas cercanas que juegan. El 83% apuesta desde el celular y la mitad recibió ayuda de un adulto para ingresar a las plataformas.

Como economista, lo que más me preocupa no es solo el problema de salud —que existe y es serio—, sino lo que está pasando en el aprendizaje de las finanzas y sus primeros pasos en ganar dinero. Para muchos chicos de 13 a 18 años, la apuesta deportiva es su primer contacto real con el dinero digital, las billeteras virtuales y la toma de decisiones financieras. Su primera experiencia con el riesgo no es un plazo fijo ni un fondo común: es una apuesta de 1.85 a que River gana de visitante.

El problema es que esa “escuela” enseña exactamente lo contrario de lo que la educación financiera busca construir. Enseña que el dinero se multiplica rápido y sin esfuerzo. Que el riesgo es adrenalina y no algo que se mide y se administra. Que perder se resuelve apostando más. Las motivaciones de ingreso lo confirman: curiosidad (89%), entretenimiento (84%) y expectativa de ganar dinero rápido (53%), reforzadas por los bonos promocionales de las plataformas (44%).

Las consecuencias ya se miden. El 79% de los adolescentes que apuestan reconoce el riesgo de adicción, uno de cada 8 quedó endeudado, el 69% reporta ansiedad y malestar, y cerca de la mitad ve afectados su sueño y su rendimiento escolar. Hablamos de chicos que contraen su primera deuda antes de cobrar su primer sueldo.

La puerta de entrada, además, no es la publicidad sola: es el grupo de pares. El 57% de quienes apuestan ingresó por recomendación de amigos o compañeros, y un 39% lo hizo porque muchas personas cercanas jugaban y no quería quedar afuera. La apuesta se normalizó socialmente, igual que en su momento se normalizó compartir la clave de la billetera virtual.

¿Qué hacemos? Tres frentes.

En casa: la conversación financiera tiene que llegar antes que la publicidad. Que la previa del partido que reúne a la familia puede ser un momento adecuado para hablarlo entre todos, porque encima todas las canchas están repletas de publicidades de estas plataformas (son las que contienen la palabra BET en su nombre)

Explicarles a los chicos cómo funciona el modelo de negocio de las casas de apuestas —si el apostador ganara sistemáticamente, no habría empresas pagando fortunas en sponsoreo— es educación financiera básica. También lo es revisar juntos los movimientos de las billeteras virtuales y prestar atención a señales concretas: pedidos de plata frecuentes sin destino claro, atención puesta en el celular y no en el partido, cambios de humor atados a resultados.

En la escuela: la educación financiera tiene que entrar a las aulas, y tiene que incluir el capítulo del juego online. No alcanza con enseñar qué es la inflación si no enseñamos a distinguir entre invertir y apostar. Invertir es asumir un riesgo medido a cambio de un rendimiento esperado positivo en el tiempo. Apostar es participar de un juego con esperanza matemática negativa, diseñado para que la casa gane. Son conceptos opuestos, y los chicos los están aprendiendo mezclados.

Como sociedad: los propios adolescentes lo están pidiendo. El 75% de los encuestados reclama controles más estrictos sobre las plataformas, y el 80% considera ineficaces los controles actuales para impedir el acceso de menores. El dato habla por sí solo.

El Mundial es una oportunidad enorme: para disfrutar, para compartir y también para conversar. Que la pelota vuelva a ser ilusión. La primera experiencia financiera de un chico debería ser un ahorro que crece, no una deuda que lo persigue.

 

Elena Alonso

@elena.financiera