En San Juan, la desarrolladora AgroFides lanzó el proyecto “La Memita”, un esquema de producción gerenciada bajo la figura de fideicomiso agrícola que prevé el desarrollo inicial de 100 hectáreas de pistacho, con posibilidad de escalar hasta 150. La iniciativa apunta a captar inversores desde montos de US$ 30.000 y proyecta una rentabilidad estimada de entre 14% y 20% anual en dólares una vez iniciada la cosecha comercial.
Desde la empresa explican que el atractivo del pistacho se sostiene en fundamentos estructurales: la demanda mundial crece a un ritmo promedio del 6,5% anual desde hace más de dos décadas, mientras que la oferta global avanza más lentamente, en torno al 5% anual. Esa brecha proyecta un déficit superior a las 250.000 toneladas en los próximos 10 a 15 años, lo que contribuye a sostener precios y refuerza el interés por nuevos polos productivos fuera de los mercados tradicionales como Estados Unidos e Irán.
A ese escenario se suma la ventaja de la producción contraestacional. Argentina, y en particular Cuyo, puede abastecer al mercado internacional en meses en los que el hemisferio norte no produce, lo que mejora las oportunidades comerciales y logísticas. Además, se trata de un cultivo con barreras de entrada altas, tanto por la inversión inicial como por los requerimientos técnicos y climáticos, lo que reduce la competencia y favorece proyectos de escala con manejo profesional.
Mendoza también empieza a sumarse a esta tendencia. En los últimos años se registraron plantaciones experimentales y desarrollos productivos en zonas del oasis norte y del Valle de Uco, donde los productores buscan diversificar frente a la crisis del negocio vitivinícola tradicional. El pistacho aparece como una opción atractiva por su adaptación a climas áridos, su buena respuesta al riego tecnificado y su potencial exportador, en un contexto donde la provincia necesita reconvertir parte de su matriz agrícola.
Si bien la superficie implantada en Mendoza aún es reducida en comparación con San Juan, existen proyectos privados que apuestan a escalar en los próximos años, especialmente vinculados a inversores que provienen del sector inmobiliario y buscan activos productivos dolarizados. Técnicos del sector señalan que la clave estará en consolidar infraestructura de riego, mejorar el acceso a material genético certificado y avanzar en esquemas asociativos que permitan amortiguar los largos plazos de maduración del cultivo, que recién entra en producción plena entre el séptimo y octavo año.
Desde AgroFides sostienen que el modelo de inversión apunta a un perfil que busca renta pasiva, activos reales y diversificación patrimonial. Todo el proceso productivo, desde la implantación hasta la comercialización, queda a cargo de la empresa, sin requerir gestión directa por parte del inversor. El objetivo de largo plazo es posicionar a Argentina como un proveedor relevante de pistacho en el hemisferio sur, con San Juan como núcleo inicial y Mendoza como parte del corredor productivo.
De este modo, el desarrollo del pistacho empieza a perfilarse como una nueva oportunidad para Cuyo, en un contexto de reconversión agrícola y búsqueda de cultivos de alto valor agregado. Con un mercado internacional en crecimiento y ventajas competitivas vinculadas al clima y la estacionalidad, la región apuesta a construir un polo productivo que complemente su histórica especialización vitivinícola y amplíe su oferta exportadora.