La propiedad, construida alrededor de 1955, en el predio de la misma bodega, fue durante décadas el hogar de varias generaciones de la familia López. Hoy, ese espacio íntimo se convierte en un alojamiento exclusivo para turistas que buscan vivir el vino desde adentro.
“Esta fue la casa donde vivió mi abuelo, donde vivieron mis padres y donde nosotros también vivimos cuando éramos chicos”, cuenta Eduardo López. “Decidimos transformarla en un pequeño hotel para volver a darle vida y abrir esa historia al público”.
El proyecto mantiene el espíritu original de la propiedad. Durante la remodelación, se conservaron elementos arquitectónicos clave como molduras, escaleras y detalles originales, buscando preservar la identidad de la casa.
El hotel —que llevará el nombre Chateau Montchenot by Hotel del Cielo— contará con siete habitaciones y una suite, todas adaptadas para uso hotelero mediante una renovación integral que incluyó nuevas instalaciones, baños y mejoras estructurales.
Además, la propiedad mantiene uno de sus rasgos más distintivos: una amplia galería con vista al jardín y la piscina, un espacio pensado para disfrutar del entorno de la bodega con tranquilidad. “La idea fue mantener todo lo que se pudiera de lo original, justamente para mostrar la historia que alberga la casa”, explica López.
Dormir dentro de una bodega
Uno de los grandes diferenciales del proyecto es su ubicación: el hotel está literalmente dentro del predio de la bodega. Para ingresar, los huéspedes deberán atravesar la entrada principal del establecimiento vitivinícola.
Esto permite vivir una experiencia poco común en el enoturismo: disfrutar la bodega fuera del horario habitual, cuando el lugar queda en silencio y prácticamente vacío.
“Cuando cae la tarde y ya no queda nadie trabajando, poder disfrutar una bodega de esa magnitud prácticamente para uno solo es un plus que un hotel tradicional no tiene”, destaca López.
La cercanía con el centro de Mendoza es otro de los puntos fuertes. A diferencia de muchas bodegas alejadas de la ciudad, la ubicación permite acceder fácilmente a transporte público, incluido el Metrotranvía, lo que refuerza el concepto de una bodega urbana.
Experiencia completa: vino, fuego y relax
El petit hotel está pensado para ofrecer una experiencia integral vinculada al estilo de vida mendocino. Entre sus instalaciones se destacan: piscina completamente renovada con solárium, espacios de parrilla y fogones para cocinar o compartir al aire libre, jardines y áreas comunes para descanso y acceso a los servicios del restaurante de la bodega.
La propuesta gastronómica también jugará un papel clave. El hotel impulsará una mayor apertura del restaurante, incluso en horarios nocturnos, para acompañar la experiencia de quienes se hospeden allí. “La idea es que la bodega pueda brindar todos los servicios que el hotel necesite”, señala López.
Una inversión a largo plazo
La transformación de la antigua casa familiar en hotel implicó una inversión cercana al millón de dólares, destinada principalmente a obras de remodelación, instalaciones y mobiliario.
La inauguración está prevista para fines de marzo, con las primeras reservas ya confirmadas para los últimos días del mes. El proyecto se lanza en un contexto complejo tanto para la industria vitivinícola como para la economía argentina. Sin embargo, desde la bodega aseguran que se trata de una apuesta estratégica a futuro.
“Las inversiones siempre se piensan a mediano y largo plazo. Las crisis pasan y los proyectos se hacen mirando hacia adelante”, sostiene López.
Más que un nuevo alojamiento, el petit hotel representa una forma distinta de abrir la historia de una familia que lleva más de un siglo vinculada al vino.
Una casa donde vivieron tres generaciones ahora recibirá visitantes de todo el mundo, transformando un espacio privado en una experiencia turística cargada de memoria, tradición y cultura vitivinícola mendocina