Uno de los factores que puede explicar el desacople entre las acciones argentinas y sus pares emergentes, puede explicarse mediante una dinámica de flujos. Recordemos que Argentina no es considerada como país emergente por MSCI, empresa que diseña los índices que sirven como benchmarks para fondos de inversión y ETFs en todo el mundo. Como las acciones locales no forman parte de ETFs como iShares MSCI Emerging Markets ETF (EEM) o iShares Latin America 40 ETF(ILF), el atractivo que la región ha captado durante 2025 y 2026 por parte de fondos globales, no se ha traducido en flujos de dinero para el equity argentino.
Argentina no ha logrado captar el interés que otros mercados emergentes sí han atraído en los últimos meses, en un contexto de mayor ruido e incertidumbre en Estados Unidos. Las dudas sobre el rumbo de la economía norteamericana se explican por varios factores: las presiones del presidente Donald Trump sobre la Federal Reserve para que recorte las tasas de referencia (lo que pone en discusión la independencia del organismo), la falta de claridad en la política arancelaria, una inflación que todavía no converge plenamente al objetivo del 2%, las valuaciones exigentes del mercado accionario y, además, un nivel de deuda pública elevado junto con un déficit fiscal persistente. En conjunto, este escenario impulsó cierta rotación de capitales fuera de Estados Unidos hacia otras regiones, aunque Argentina no ha logrado subirse a esa dinámica de manera significativa.
Dicha tesis queda aún más en evidencia al analizar el desacople del índice de acciones argentinas con el riesgo país. En lo que va de 2026, mientras que el índice Merval CCL ha caído un 10%, el riesgo país ha seguido disminuyendo. Esta divergencia se explica, en parte, porque los bonos soberanos en dólares sí están incluidos en índices de referencia internacionales que invierten en bonos de países emergentes. El iShares J.P. Morgan USD Emerging Markets Bond ETF (EMB), cuyo índice de referencia es elaborado por J.P. Morgan, banco que sí considera a Argentina como país emergente, invierte un 3% de su patrimonio en bonos de Argentina, lo cual se refleja en la sobre performance de los bonos por sobre las acciones locales. El levantamiento de las diferentes restricciones cambiarias aún vigentes en Argentina es necesario para una potencial reclasificación, que podría recién darse en el año 2027, con un previo período de consulta en 2026.
El sector más importante no tracciona
Por otro lado, el sector bancario (que representa cerca del 40% del peso del S&P Merval) ha mostrado un desempeño débil en los últimos trimestres. El cambio de régimen macroeconómico obligó a las entidades a abandonar un esquema de rentabilidad sostenido en gran parte por ingresos derivados del financiamiento al sector público, principalmente a través de la colocación de sus depósitos en pasivos remunerados del BCRA, y a migrar hacia un modelo más tradicional, basado en la intermediación financiera y la generación de crédito al sector privado. Esta transición implicó una compresión en los márgenes y una mayor exposición al riesgo crediticio, configurando el primer gran desafío estructural para el sector.
Al mismo tiempo, la prioridad del gobierno de reducir la inflación llevó a implementar una política monetaria contractiva, caracterizada por una fuerte absorción de liquidez y niveles elevados de encajes bancarios. En este contexto, las tasas de interés de corto plazo se mantuvieron altas y con elevada volatilidad, un entorno poco favorable para la intermediación financiera. Las tasas reales exigentes, combinadas con una economía que aún no logra consolidar una recuperación sostenida, derivaron en un estancamiento del salario real y en un deterioro progresivo de la calidad de cartera de las entidades, reflejado en mayores niveles de morosidad. Todo ello terminó presionando la rentabilidad del sistema bancario.
Hacia adelante esperamos que el esquema de tasas pueda estabilizarse y ello pueda colaborar en que la calidad de cartera de los bancos deje de presionar sus resultados. La clave estará en observar si las compras de reservas del BCRA, que ya superan los US$2.700 millones en lo que va de año, un 27% de la meta que la entidad estableció en esta nueva fase de re-monetización, son o no esterilizadas vía licitaciones del Tesoro u operaciones a mercado abierto.
El resultado de la última licitación, en la que el Tesoro renovó solo el 93% de sus vencimientos, invita a suponer que en las próximas subastas podrían continuar inyectando liquidez, relajando las condiciones del sistema. Cabe señalar que el ratio de crédito al sector privado sobre PBI de Argentina ha mejorado desde la asunción de Milei, pero sigue estando muy por debajo de sus pares como Chile y Brasil. Esto último, mediante una reactivación de la actividad vía re-monetización como consecuencia de la compra de reservas, podría impulsar el ratio de créditos.
Somos optimistas con las acciones argentinas para este año 2026, pero cautelosos a corto plazo ante los ruidos externos derivados de la incertidumbre geopolítica que azota a los mercados de riesgo. Será importante seguir de cerca noticias relacionadas a una potencial reclasificación por parte de MSCI, la postura del tesoro en las nuevas licitaciones y la dinámica cambiaria de cara a la cosecha gruesa que ha mejorado sus pronósticos de rendimientos recientemente. Cabe mencionar que este es un año en el que debería haber relativa estabilidad, con un escenario libre de tensiones (a priori) políticas y con un congreso favorable para llevar a cabo las reformas que el oficialismo busca impulsar.