El año 2026 consolida un cambio de paradigma en la gestión financiera corporativa en Argentina. Con un esquema de bandas cambiarias más predecibles, inflación en desaceleración hacia la zona del 20%–26% anual y una convergencia gradual del riesgo país, las empresas dejaron atrás el modo “supervivencia” para enfocarse en la optimización de capital y la captura de tasas reales positivas. En este contexto, la gestión de tesorería recupera un rol estratégico dentro del balance. Más información en: https://www.millscapitalgroup.com/
Desde Mills Capital Group observan que la principal transformación es conceptual: el nuevo contexto desplazó la lógica de cobertura hacia una administración activa del patrimonio y optimización de flujos. “Hoy el costo de oportunidad de mantener saldos ociosos, especialmente en moneda extranjera, sin rendimiento es demasiado alto. La previsibilidad macro permite transformar la gestión de tesorería en una unidad generadora de valor real, pero también obliga a una lectura más fina del escenario: no se trata de reaccionar, sino de sino administrar duration, riesgo crediticio y liquidez dentro de una estrategia coherente con el flujo operativo de cada empresa”, analizan.
Tasa fija: capturar el proceso de desinflación
Uno de los movimientos más claros en las carteras corporativas que observan desde Mills Capital Group es la mayor ponderación de instrumentos de tasa fija, particularmente Letras y Bonos de Capitalización (Boncaps) con vencimiento en 2026, como una de las principales alternativas para las tesorerías corporativas este año.
Según explican, estos activos permiten fijar rendimientos nominales en un contexto de inflación en descenso, lo que se traduce en tasas reales positivas atractivas. A medida que el índice de precios desacelera, los instrumentos de tasa fija capturan esa diferencia, mientras que la liquidez de los tramos cortos brinda flexibilidad para administrar capital de trabajo y necesidades operativas sin resignar rendimiento.
“En un proceso de desinflación, la tasa fija permite capturar tasa real positiva si la inflación efectiva corre por debajo de la implícita en la curva. Hoy el diferencial entre rendimiento nominal y expectativas de inflación genera una ventana técnica interesante, especialmente en tramos cortos donde la liquidez permite administrar capital de trabajo sin asumir duration innecesaria”, explica Emilio Botto, Jefe de Estrategia de Mills Capital Group.
El puerto seguro: Obligaciones Negociables (ONs) de Energía
Para el resguardo de capital a mediano plazo, el sector de Oil & Gas ganó protagonismo dentro de las carteras corporativas. El avance de proyectos bajo regímenes de incentivo a la inversión fortaleció la estructura operativa y financiera de las compañías del sector, mejorando su perfil de solvencia y previsibilidad de flujos.
En este contexto, las Obligaciones Negociables de empresas energéticas se consolidaron como una alternativa relevante dentro del crédito corporativo local. Se trata de emisores con generación genuina de caja en moneda dura y exposición directa a exportaciones, lo que reduce su sensibilidad al ciclo doméstico. En un proceso donde el riesgo soberano todavía transita su normalización, estos instrumentos ofrecen una combinación de calidad crediticia, estabilidad de ingresos y marcos jurídicos claros, atributos que las tesorerías valoran al momento de proteger capital y diversificar riesgo.
La cobertura inteligente: ¿CER o Dólar Linked?
El rol de los instrumentos ajustados por inflación (CER) mutó de ser el protagonista de la cartera a cumplir una función de seguro estacional. Se utilizan principalmente para calzar pasivos o protegerse ante posibles rezagos en la velocidad de desinflación, pero ya no como el motor de crecimiento del portafolio.
En cuanto a los instrumentos Dólar Linked, mantienen su utilidad técnica dentro de la gestión financiera corporativa. Funcionan como herramienta de cobertura para flujos vinculados al comercio exterior y para la administración de exposición cambiaria, permitiendo compatibilizar el flujo operativo con el esquema actual de flotación administrada. Su uso responde a criterios de balance y cobertura más que a una estrategia direccional sobre el tipo de cambio.
Un cambio de régimen financiero
La transición hacia un entorno de menor nominalidad redefine la arquitectura de decisión corporativa. La prioridad ya no es protegerse del desorden, sino optimizar la relación entre rendimiento y riesgo dentro del balance. Capturar tasa real positiva, administrar duration con precisión y diversificar exposición crediticia se convierten en los ejes centrales. La previsibilidad macroeconómica abre una ventana técnica; capitalizarla dependerá de la disciplina en la asignación de activos.
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