Para Mendoza, región con una economía fuertemente vinculada a la producción agrícola y vitivinícola, este acuerdo podría tener efectos significativos —positivos y desafiantes— en el corto, mediano y largo plazo.
Oportunidades de exportación para productos mendocinos
Una de las apuestas más claras del acuerdo es la reducción de altos aranceles europeos sobre productos agroalimentarios relevantes para Argentina, como el vino y bebidas alcohólicas, que hoy enfrentan tasas de hasta el 35 % al ingresar al mercado europeo. Para Mendoza —cuna de los vinos más prestigiosos de Sudamérica— esto significa un potencial incremento en la demanda y competitividad de sus etiquetas en un mercado de alto poder adquisitivo.
Además, la eliminación progresiva de barreras puede facilitar que empresas mendocinas diversifiquen sus destinos comerciales y no dependan tanto del mercado regional o de los vaivenes de otros socios comerciales tradicionales.
Sin embargo, el pacto también incluye cuotas y liberalización controlada de ciertos productos como la carne bovina, aves o azúcar. Aunque los volúmenes ofrecidos a la UE bajo preferencias arancelarias son limitados en relación con la producción total, representan nuevos competidores en un mercado global.
Este aspecto puede tensionar a sectores de la agroindustria local que hoy exportan o planean exportar hacia Europa o competir en mercados que pudieran verse inundados de productos europeos más baratos. Es decir, mientras el vino y productos de valor agregado podrían ganar terreno, otras cadenas, como la de carnes o alimentos procesados, pueden enfrentar mayor presión competitiva y volatilidad de precios.
La influencia del acuerdo no se limita al sector vitivinícola. Mendoza también exporta frutas, aceite de oliva y productos emergentes de los sectores agroindustrial y tecnológico que podrían beneficiarse de la apertura de mercados y menores costos logísticos. Además, la perspectiva de mayores inversiones extranjeras y sinergias comerciales con empresas europeas puede dinamizar otros sectores productivos y tecnológicos de la provincia.
Uno de los debates más intensos en Europa ha sido sobre estándares sanitarios, ambientales y de producción, así como la protección de productos con indicaciones geográficas. Para Mendoza, cuya vitivinicultura está profundamente ligada a su terroir y reputación internacional, mantener altos estándares de calidad y trazabilidad será clave para aprovechar las oportunidades que ofrece el acuerdo. Esto puede traducirse también en mayores exigencias de certificaciones y regulaciones para exportar.
Es importante subrayar que, aunque el acuerdo fue firmado en enero de 2026, el Parlamento Europeo ha decidido remitirlo a revisión del Tribunal de Justicia de la UE por cuestiones legales antes de la ratificación final, lo que podría retrasar su entrada en vigor por meses o incluso años.
Esta situación introduce incertidumbre para productores y exportadores argentinos y mendocinos que esperaban claridades sobre cuotas, plazos y condiciones definitivas.
Para Mendoza, el Acuerdo UE-Mercosur representa una ventana de oportunidades para consolidar su presencia exportadora, especialmente en productos de alto valor agregado como el vino. Al mismo tiempo, implica desafíos competitivos y ajustes productivos que exigirán estrategias claras, apoyo institucional y una adaptación inteligente de sectores productivos.
Si se implementa con visión e inversiones en calidad y sostenibilidad, este acuerdo podría sumar impulso a la economía mendocina en la próxima década. Si no se acompaña con políticas de apoyo a productores y pymes locales, el riesgo de perder competitividad en segmentos clave podría hacerse sentir con fuerza.
Tu opinión enriquece este artículo: