Durante la última semana y media, el Merval medido en contado con liquidación (CCL) registró una caída cercana al 12%, en línea con el deterioro del apetito global por el riesgo. La corrección se da en paralelo con retrocesos en los principales índices internacionales: el SPY, que replica al S&P 500, cayó un 1,32%, mientras que el QQQ, que sigue al Nasdaq, perdió 1,19%. El golpe fue más severo en los mercados emergentes: el ETF EEM retrocedió 6,29% y el EWZ, que sigue a Brasil, cayó 6,48%.
El impacto también se trasladó al mercado de deuda. Los bonos emergentes sufrieron ventas generalizadas y el riesgo país argentino avanzó cerca de 10%, ubicándose en torno a los 573 puntos, en línea con la caída del 1,13% en el ETF de deuda emergente EMB.
Activos refugio y el rol del petróleo
En episodios de tensión geopolítica, el manual financiero suele ser claro: oro, bonos del Tesoro estadounidense y monedas fuertes suelen actuar como refugio frente al aumento de la incertidumbre. Sin embargo, en esta oportunidad el comportamiento del mercado mostró matices.
La importancia estratégica del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y derivados del mundo y una proporción similar del gas natural licuado (GNL), llevó a los inversores a anticipar posibles disrupciones en el suministro energético. Como consecuencia, el precio de la energía reaccionó al alza.
No obstante, con el correr de los días el mercado fue más selectivo respecto a los refugios: solo dos activos terminaron consolidando ese rol de manera clara: el dólar y el petróleo.
Dos caras de una misma moneda
En lo que va de 2026, el precio del crudo acumula una suba de 30%, con un avance cercano al 10% solo en la última semana. Este movimiento tiene implicancias directas para la política monetaria de Estados Unidos.
Un petróleo más caro implica presiones inflacionarias adicionales, lo que llevó al mercado a recalibrar las expectativas sobre los recortes de tasas de la Reserva Federal. Actualmente, los inversores esperan dos recortes de 25 puntos básicos durante el año, pero el calendario se desplazó: mientras que hace una semana se proyectaban para julio y octubre, ahora el consenso los ubica en septiembre y diciembre.
Este cambio explica por qué los bonos del Tesoro estadounidense, especialmente en el tramo corto de la curva, no lograron funcionar como refugio. El temor a una inflación más persistente pesa más que el efecto protector que suelen ofrecer estos instrumentos en contextos de volatilidad.
Repercusiones en el frente local
En Argentina, la dinámica cambiaria tampoco quedó al margen del fortalecimiento global del dólar. Aunque el lunes el tipo de cambio mayorista mostró una leve baja, el martes subió alrededor de 1,4%, en línea con la apreciación de la moneda estadounidense a nivel global.
El peso argentino acompañó el movimiento de otras monedas emergentes, como el real brasileño, que también registraron depreciaciones. Datos preliminares de mercado sugieren que el Banco Central podría haber intervenido ofreciendo cobertura para moderar la suba del tipo de cambio.
Aun así, por ahora no se observan tensiones cambiarias significativas en el corto plazo, en parte porque el mercado anticipa una cosecha gruesa favorable, lo que podría aportar oferta de divisas en los próximos meses.
Resultados corporativos: foco en energía y bancos
En paralelo al contexto internacional, la semana pasada también estuvo marcada por la publicación de balances de compañías relevantes para el índice líder argentino, entre ellas YPF y Banco Macro, representantes de dos de los sectores más dinámicos de la economía.
La petrolera estatal presentó sólidos indicadores operativos en medio de su estrategia de desinversión en áreas convencionales y mayor apuesta a Vaca Muerta. La compañía reportó ventas 4% inferiores respecto al cuarto trimestre de 2024, en parte por la caída del 16,4% interanual en el segmento upstream, afectado por la baja previa del precio internacional del crudo.
Sin embargo, la mejora en eficiencia permitió compensar ese impacto. Gracias a menores costos en upstream y una mayor utilización de capacidad en midstream y downstream, el EBITDA ajustado creció 53% frente al mismo período del año anterior. El trimestre cerró con una pérdida neta de USD 649 millones, explicada principalmente por cargos impositivos.
En el sector financiero, Banco Macro mostró señales de recuperación tras un período de fuerte volatilidad en las tasas de corto plazo. Excluyendo efectos extraordinarios, el resultado neto del trimestre creció 36% respecto al cuarto trimestre de 2024, luego de la pérdida registrada en el trimestre previo.
El resultado neto por intereses avanzó 19% interanual, mientras que los ingresos por comisiones crecieron 8%. También se destacó el resultado por tenencia de instrumentos financieros, que fue 27% superior al del mismo período del año anterior.
En términos de calidad crediticia, el banco presentó un ratio de cartera irregular del 3,87%, por debajo del promedio del sistema, con un nivel de cobertura del 120%, lo que refleja una posición relativamente sólida frente al deterioro crediticio esperado en el sector.
Un mercado sensible al contexto global
La corrección reciente del mercado argentino vuelve a poner en evidencia su alta sensibilidad al clima financiero internacional. Mientras la tensión geopolítica continúe y el precio de la energía siga condicionando las expectativas inflacionarias globales, los activos locales probablemente seguirán atados al pulso del escenario externo.
Sin embargo, con sectores como energía y banca mostrando fundamentos operativos sólidos, el comportamiento del mercado en los próximos meses dependerá tanto de la evolución del conflicto global como de la capacidad de la economía local para sostener su proceso de normalización.
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