La región ha sido una de las de mayor crecimiento en adopción cripto a nivel global. De acuerdo con Chainalysis, entre 2023 y 2025 la adopción en América Latina creció a tasas superiores al 60% anual, impulsada principalmente por el uso de stablecoins, pagos internacionales y la necesidad de proteger el valor del dinero frente a la inflación. Este cambio en escala y en patrones de uso anticipa una nueva etapa para el ecosistema, en la que varias tendencias comienzan a converger y a definir el rumbo del sistema financiero este 2026.
Una de las expresiones más visibles de esta transición es el papel que hoy están jugando las stablecoins, que pasaron de ser una herramienta de nicho a funcionar, en mercados emergentes, como un salvavidas macroeconómico frente a la inflación. En países como Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela este uso ya se refleja en un cambio claro de comportamiento: las stablecoins se utilizan cada vez más como la manera más eficiente y económica para pagos y liquidaciones, más allá de su función como activos financieros. Esta evolución explica por qué la discusión regulatoria en la región ha comenzado a enfocarse menos en su existencia y más en su integración ordenada al sistema financiero formal, al permitirles una adopción profunda con bancos y tarjetas eliminando fricciones para el usuario final.
El segundo gran frente de esta maduración es el avance de la tokenización de activos del mundo real o RWA, por sus siglas en inglés. Bonos, fondos de mercado monetario y otros instrumentos financieros comienzan a operar de forma nativa sobre blockchain como parte de una evolución gradual de la infraestructura financiera. Las proyecciones que estiman que el mercado global de activos tokenizados podría superar los 16 billones de dólares (16 trillion dollars) hacia el final de la década reflejan la magnitud de este cambio, impulsado por una mayor eficiencia operativa, acceso más amplio y esquemas de liquidez continua. Para América Latina, esta tendencia abre una oportunidad concreta para modernizar mercados de financiamiento, particularmente en deuda privada y productos de bajo riesgo, y ampliar el acceso a instrumentos que tradicionalmente han sido limitados.
A esto se suma una convergencia aún más profunda: cripto e inteligencia artificial aplicada a servicios financieros. El desarrollo de agentes on-chain, es decir, sistemas capaces de operar bajo reglas predefinidas mediante contratos inteligentes, está abriendo la puerta a herramientas financieras más personalizadas y eficientes, desde esquemas de gestión automática de portafolios hasta soluciones de liquidez con límites claros para el usuario. Un avance particularmente relevante es la aparición de agentes capaces de ejecutar transacciones y liquidar pagos entre sí utilizando dinero on-chain, sin intervención humana directa, lo que permite automatizar procesos financieros completos, desde la prestación de un servicio hasta su pago. Este tipo de interacción anticipa una infraestructura financiera más programable, donde el movimiento de valor ocurre de forma nativa y en tiempo real, reforzando el papel de cripto como soporte de nuevas formas de operación económica.
El proceso de maduración también se refleja en una mayor integración de los criptoactivos al sistema financiero institucional. La llegada de productos regulados y el creciente interés de inversionistas institucionales han elevado los estándares de custodia, transparencia y gestión de riesgos en el ecosistema. En paralelo, bancos, reguladores y participantes tradicionales comienzan a incorporar estos activos dentro de marcos formales, en un contexto en el que Estados Unidos impulsa iniciativas regulatorias orientadas a dar mayor claridad legal y operativa a los criptoactivos, como el GENIUS Act y el CLARITY Act, enfocados en definir reglas más precisas sobre emisión, custodia y uso de activos digitales. Estos avances son observados de cerca por otros mercados y comienzan a influir en la forma en que distintas jurisdicciones diseñan sus propios marcos regulatorios. Desde centros financieros regionales como Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires y Bogotá, este entorno ya se traduce en conversaciones regulatorias más sofisticadas y en una adopción institucional cada vez más estructurada, abriendo una oportunidad para fortalecer la confianza, ampliar la profundidad de mercado y acompañar la innovación con reglas claras.
Este avance converge hacia un sistema financiero en el que los instrumentos y servicios cripto ya forman parte de su andamiaje operativo. Pagos, ahorro, inversión y gestión de riesgos incorporan estas herramientas de manera progresiva, muchas veces de forma invisible para el usuario final. A nivel global, se observa una convergencia entre actores financieros tradicionales y plataformas digitales de nueva generación con este ecosistema: instituciones como JP Morgan o BBVA están ampliando su exposición a activos y soluciones basadas en cripto, mientras que plataformas como Revolut o Nubank integran estos activos dentro de su oferta financiera. Al mismo tiempo, los principales actores del sector cripto avanzan hacia esquemas propios del sistema financiero formal, incorporando licencias bancarias a su marco operativo que expanden el alcance de su actividad regulada. Conocer las tendencias que marcarán este año permite identificar dónde se están generando eficiencias reales y cómo aprovechar mejor estas tecnologías para fortalecer la operación, la escala y la resiliencia del sistema financiero.
En este contexto, Argentina cuenta con una oportunidad particular de capitalizar la experiencia acumulada de su ecosistema cripto y financiero para fortalecer su inserción regional. La adopción temprana, el talento técnico y el uso cotidiano de soluciones digitales han generado aprendizajes valiosos. Avanzar requiere marcos regulatorios claros, previsibilidad y una implementación enfocada en resolver necesidades concretas de ahorro, pagos e inversión. Entendido como infraestructura financiera, cripto puede contribuir a la transformación de un sistema financiero más incluyente, eficiente y resiliente, y a posicionar a Argentina como un referente regional en innovación financiera.
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