En pandemia se incrementó la fuga de cerebros de Mendoza

Un Café con... María Mackern

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(Por Viviana García Sotelo) En marzo, Mes Internacional de la Mujer tendremos un ciclo de grandes féminas que se destacan en sus ámbitos. Mackern, médica, terapista intensiva y jefa de recuperación cardiovascular infantil del Hospital Humberto Notti, además es apasionada por el andinismo.

María Mackern quizás es más conocida por su deporte, el andinismo, el cual practica con tanta pasión y disciplina que la ha llevado a lograr titulares en los medios de comunicación, entre ellos por lograr ser la primera mujer que subió y bajó del Aconcagua en un día. 

También es la mamá de una deportista olímpica con grandes triunfos en el windsurf, Celia Tejerina. Y es esposa de un gran maestro del montañismo, Carlos Tejerina o “El Teje” como le suelen decir sus conocidos, alumnos y amigos. Un profesor que preparó a varias generaciones de alumnos del CUDA (Centro Universitario de Andinismo UNCuyo) y quien también ha logrado no una, ni dos, sino docenas de cumbres en el Aconcagua, además de haber preparado a cientos de deportistas para lograr la preciada cumbre. 

Sin embargo, María además es médica, terapista intensiva y jefa de recuperación cardiovascular infantil del Hospital Humberto Notti. La pregunta es: 

VGS: ¿Cómo lograr ser tan exitosa en ambas actividades tan exigentes, el andinismo y la medicina?

MM: Siempre tuve inclinación hacia el servicio social, quería ser asistente social, quería ser psicóloga, fonoaudióloga, y mi padre era médico (Héctor Mackern, neonatólogo y pediatra, fue jefe del Lagomaggiore, además de atender su consultorio). Él siempre nos inculcó que lo único que nos podía dejar era el estudio ser profesionales. 

En 5to año del secundario todavía yo no estaba decidida por una carrera, mi padre me dijo estudiá medicina porque te va a dar más independencia que cualquier carrera.

VGS: ¿Qué significa para vos trabajar con niños y en la terapia intensiva?

MM: La terapia intensiva tiene algo con la muerte, que pueden ser diferentes experiencias o diferentes formas de aprender o vivenciar o acompañar. Puede ser querer estar ayudando al niño en ese momento, estar acompañando a los padres, estar trabajando en un equipo muy obsesivo tratando de que el equipo entero saque adelante a ese niño.

La terapia intensiva de los niños es distinta a la de los adultos, en los adultos muchas veces es al final de la vida, es el anciano, es el oncológico, entonces el acompañamiento diferente. En el caso de los niños la vida está empezando.

VGS: ¿Esto te insume mucho tiempo y además de tenés tres hijos?

MM: Siempre tuve el deseo de ser madre por eso fue fundamental el apoyo de Carlos (Tejerina), nos casamos y entre 5to y 6to año de la facultad tuve a Carlitos, mi primer hijo; al recibirme tuve a Celita. Entré a la residencia con los dos, que eran muy chiquitos, a Celita le di un mes de teta porque hacía ocho o nueve guardias mensuales. Luis tiene 14 años, él está en el secundario y es un apasionado por el rugby.

VGS: ¿Te insumía mucho tiempo dedicarte a la terapia intensiva?

MM: En realidad, vi que con una guardia yo podía dar todo de mí, pero además era un trabajo en equipo. Vos te esforzabas mucho durante 24 horas y después podías hacer tu vida.

VGS: ¿Esa disciplina es lo que te permitió tener una vida deportiva también?

MM: Siempre, a pesar de que he trabajado mucho porque para especializarme son muchas horas invertidas, siempre dejé tiempo para mí y lo dediqué al andinismo. 

Si bien siempre practiqué andinismo, un año hice rafting otro triatlón, pero siempre dejé tiempo para mí. Y eso me lo enseñó Carlos, él me ayudó a pensar que no podía estar al 100% como mamá, yo tenía que tener el tiempo para mí y eso era muy importante. Ser medida, no se trataba de ganar más plata y ser mejor madre porque hacía comidas caseras, ser moderada en cada actividad. Con el deporte no me he vuelto loca, era hacerme el objetivo, aprender, tener buena actitud.

VGS: ¿Cómo llegás a subir y bajar del Aconcagua en un día?

MM: En realidad, yo empiezo a practicar cerros en el día y esto de Aconcagua hacerlo en el día, era para seguir con mis objetivos, pero también estar con mis hijos y la profesión. Quiero seguir haciendo montaña porque me siento bien, tengo una gran satisfacción. El récord en Aconcagua era poder lograr hacer cumbre y volver rápido a la casa, porque de esa manera yo podía administrar mis tiempos para hacerlo.

VGS: ¿Qué buscás con todo esto, son actividades muy exigentes que incluso tienen sus riesgos?

MM: Sí, pero busco permanentemente el equilibrio, la medicina es equilibrio, vas viendo prioridades, las necesidades, vas buscando resolución de problemas todo el tiempo y optimizando el tiempo.

VGS: ¿Tuviste que aplicar tus conocimientos médicos en la montaña?

MM: Muchas veces, uno no deja de ser médica porque está practicando un deporte. En 2019 viajamos con Carlos a Pakistán con el objetivo de hacer cumbre en un cerro allá, volvimos sin hacer cumbre porque ayudamos en el rescate de un hombre que empezó con edema cerebral. No lo conocíamos, no era de nuestro grupo, pero la situación se presentó y elegimos ayudar y no seguir nuestro viaje.

VGS: ¿Por qué es tan importante trabajar en la terapia del Notti para vos?

MM: Ese fue mi desafío en 2012 que es cuando decido ir a coordinar cardiovascular de la terapia intensiva, darles respuestas a niños mendocinos con cirugías cardiovasculares. Es importante saber que en Mendoza uno de cada 100 niños nace con cardiopatía, es muy alto el porcentaje. En la provincia nacen unos 30.000 niños por año, 300 tienen cardiopatías, la mitad de ellos necesita cirugías, la mitad de esos 150 necesita más de una cirugía, unos 50 tienen esa intervención antes del mes de vida, los otros 50 antes del año y el resto a lo largo de los 10 primeros años.

Para darle respuesta a todas esas urgencias está el Notti, que no solo atiende a los niños y niñas mendocinos sino de varios lugares. Solo de Mendoza son 200 cirugías por año, si sacas la cuenta casi es un día por medio.

VGS: ¿Existe la cantidad de profesionales para cubrir esas necesidades?

MM: En Argentina hay un alto nivel de preparación, son siete años de carrera médica, cuatro para pediatría, dos para terapia intensiva, son 13 años. Mientras que se requiere uno más para formar a un profesional en la recuperación cardiovascular. Hay mucha inversión en la preparación, pero después no aprovechamos eso porque los salarios son bajos y quizás deberíamos ofrecer esos servicios en otros países, pero sin que el profesional emigre. 

VGS: ¿Hay otros lugares en Argentina que tengan esta atención interdisciplinaria como el Hospital Notti?

MM: En Buenos Aires hay varios centros, en Córdoba y en Salta están queriendo armar uno, en San Juan también, pero están faltando profesionales. En Neuquén tienen un lugar, pero los profesionales viajan desde Buenos Aires para dar atención.

VGS: ¿Cómo fue el trabajo de estos profesionales en Pandemia?

MM: Lo vivimos como una oportunidad ya que los pacientes de Mendoza no podían viajar a otro lado para atenderse, el Notti le pudo dar respuestas a todos, incluso se recibieron cardiópatas de San Juan y San Luis porque no podían viajar a Buenos Aires.

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