En “Yoga por los Caminos del Vino” se unieron pasiones en un engranaje que fluyó

Un Café con... Alejandra Navarria

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< (Por Carla Luna) Dos años, más de mil personas que viven la experiencia, cientos de referentes del mundo zen que viene  participar de este programa y una medalla de plata de Great Wine Capital.

Alejandra Navarria es una reconocida periodista del medio que dejó el oficio para ocuparse de su emprendimiento que se unió a dos pasiones: el yoga y el mundo vitivinícola. De esta manera, en octubre de 2018 lanzó el programa “Yoga por los Caminos del Vino”, el cual  invita a disfrutar de la actividad yogui en los exquisitos paisajes que caracterizan a Mendoza logrando que más de mil personas participen de la experiencia.

Los eventos tuvieron como escenario a Chandon, Terrazas de los Andes, Bressia, Susana Balbo Wines, Santa Julia, Club Tapiz, Trez Wines, Casa Vigil, Montequieto, Entre Cielos, A16, Dante Robino, Finca Agostino, Salentein, Alpasión Lodge, La Jacintana, Lagarde, Casa Vinícola Conalbi Grinberg, Renacer, Villavicencio, Club de Campo Maipú, Park Hyatt Mendoza, entre otros. Tal es su valoración que ganó este año el premio plata a la excelencia en Experiencias Innovadoras del Concurso Best of Mendoza´s Wine Tourism, de la Great Wine Capitals. Mientras que expertos del mundo yogui se han dado cita entre ellos: Paulo Junqueira (Superioga, Brasil), Pato López (Yoga Iyengar, San Juan), Mataji NIlavani Analpia Ausinaga (Pura Yoga Ashram); Claudina Teruel (Yoga completo y Ayurveda), Nancy Gil (Yoga integral), Lucas Rodríguez (Kundalini Yoga), Pato Bordas (Ashtanga Yoga), Gigí Berti (Hayha Vinyasa Yoga), Lakshmi Devi (Deleite Profundo/ Hojjas de Inspiración / Maratón Mendoza Medita) y Agustina Correa Llano (Shakti Dance)

¿Cómo surgió la idea de conjugar dos pasiones y encauzarlas de alguna forma a través de la comunicación?

“Yoga por los Caminos del Vino” nació a partir de una práctica que debí hacer antes de finalizar una formación en yoga que cursé hace dos años. Ofrecí a un grupo de amigas bodegueras darles una clase para practicar las habilidades que estaba intentando desarrollar como profesora de yoga, y en ese momento se cruzó esta hermosa idea de integrar las experiencias en escenarios vitivinícolas. Mis años de trabajo en comunicación institucional en ProMendoza, donde logré tomar contacto con muchas empresas exportadoras locales, sumado a las casi dos décadas de realizar coberturas sociales para diario Los Andes, me habían dado la gran posibilidad de generar vínculos estrechos con las bodegas y las organizaciones vinculadas a la industria y al Turismo. Plantear la propuesta a las entidades de Vino, el Turismo y el Deporte fue bienvenido, aportaba una nueva opción al momento de visitar una bodega y expandía un eslabón más el Enoturismo local. Luego fue pasar a la acción y conjugar la disciplina del yoga en un viñedo, convocar gente y comunicarlo. Como vos decís, muchas pasiones juntas que se unieron en un engranaje que fluyó.

¿Cómo fue el crecimiento de la propuesta y cuál es la expectativa para las próximas ediciones?

 La propuesta arrancó como un circuito itinerante en distintas bodegas que se desarrolló durante primavera y otoño, convocando a 50 personas por encuentro. A lo largo del año, también desarrollamos ediciones especiales, para el día de San Valentín, el día Internacional del Yoga, los eventos de cierre de año (donde habilitamos más de 100 lugares) y algunas opciones de luna llena, con yoga al anochecer. Hoy estamos presentes en distintas bodegas de Mendoza de manera regular, semana a semana, donde ofrecemos una clase de yoga sumado a un brunch o una tarde de té. Esta oferta la puede tomar una persona sola, un grupo de amigas, una pareja para celebrar un momento especial, o visitantes que llegan a la provincia.

¿Cómo fue este año de pandemia para un emprendimiento  que invitaba a trasladarse a la bodega y disfrutar el momento?

El año comenzó con dos ediciones muy interesantes en bodega Chandon y en A16. Luego, como a todos, la situación sanitaria nos sorprendió y debimos realizar una reprogramación de lo que teníamos planificado para el resto del 2020. Lo lamentamos mucho, puesto que durante algunos meses dejamos de acercar esa sensación de paz y armonía que las personas viven cuando disfrutan de nuestras experiencias. Había que quedarse en casa y lo que hicimos fue crear una gift card, con la que ofrecimos una clase de yoga on line sumada a un espumante que llevábamos a tu domicilio. De este modo, algunas personas que cumplieron años, por ejemplo, se vieron sorprendidas por un regalito especial.

¿Esta situación te obligó a pensar en otras modalidades de la actividad que podrían funcionar para quedarse con o sin  pandemia? 

 Además de esta tarjeta de regalo, que aún sigue vigente, aunque con la opción de tomar la clase de yoga de manera presencial, logramos establecernos en varias bodegas con días y horarios fijos, para que disfrutes de una clase de yoga y sigas conociendo la gastronomía del lugar. Así, los sábados por la mañana por ejemplo, estamos en Terrazas de los Andes, por las tardes en Santa Julia; los viernes por las mañanas en bodega Bressia, por las tardes en Susana Balbo Wines y los jueves por las tardes en Club Tapiz. Todas estas bodegas, después de recibirnos en sus mágicos escenarios, ofrecen un servicio de primer nivel para quedarte a disfrutar de sus vinos y gastronomía. También diseñamos propuestas a medida de grupos de incentivo, turistas o acontecimientos especiales que requieran algún ingrediente particular. Nuestro último evento del año fue Sunset Yoga – Mendoza vibra en modo Zen, donde planteamos una clase de yoga con talleres previos, de nutrición, escritura y yoga de la danza, para cerrar con una clase magistral y un concierto sonoro al momento de la relajación final, con profesionales y músicos destacados.

 ¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha dado este proyecto?

Tener la posibilidad de darle vida a una idea, de materializarla, ya es una satisfacción enorme. Sin embargo, a partir de allí se desprenden cientos de alegrías en cada experiencia: el momento en que termina una clase y la gente despierta de la relajación emocionada, no tiene precio; cuando regresan con amigos para que vivan lo que cada uno de los asistentes experimentó; cuando alguien que sentía algún dolor termina la clase sin percibir molestia alguna; cuando ves sonrisas, plenitud y paz en sus rostros. A nivel profesional, este año me permitió dar yo misma las clases –cuando los grupos que podíamos admitir eran pequeños-, y el acercamiento que lográs al alma de las personas en mágico. También, por supuesto, me llena de felicidad saber que esta actividad aporta al Turismo del Vino de mi provincia, y claro que me hizo muy feliz el reconocimiento en los premios Best Of, de la Great Wine Capitals.

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