La primera es el dinero inteligente. Se está configurando una nueva etapa en la forma en que el dinero se almacena, mueve, utiliza y se vuelve más inteligente —y, en última instancia, en cómo funciona para los bancos y sus clientes. Las monedas digitales, como las stablecoins, las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) y los depósitos tokenizados, están listos para entrar en el uso masivo, redefiniendo dónde y cómo fluye el dinero.
Al mismo tiempo, las “vías de pago” —las redes que permiten transferir dinero entre partes— están evolucionando. Nuevas infraestructuras interoperables, que conectan distintos sistemas y redes de manera fluida, junto con pagos programables y enriquecidos con datos, están haciendo que las transacciones actuales sean mucho más inteligentes. Así también, el impulso en torno a los pagos agenticos está creciendo rápidamente. Se trata de dinero que se mueve por sí solo, a través de agentes inteligentes que actúan en nombre de los clientes.
La segunda tendencia es el banco omnipresente. A medida que la inteligencia artificial y las interface conversacionales impulsadas por GPT mejoran y se multiplican, las expectativas de los clientes están cambiando, de forma muy similar a lo que ocurrió con la llegada del banco digital hace unos 25 años. Las personas esperarán poder hacer mucho más en línea con sus bancos principales que lo que hacen hoy, que en su mayoría se limita a revisar saldos o pagar cuentas. Esperarán que sus interacciones digitales sean tan fluidas y adaptativas como una conversación con un ejecutivo de sucursal experimentado. Y también esperarán que estas experiencias los acompañen más allá de las aplicaciones y el sitio web de su banco, extendiéndose a plataformas externas de inteligencia artificial. Para responder a la evolución de las expectativas de los clientes, los bancos deberán combinar
interacciones digitales personalizadas, impulsadas por IA, con el valor permanente de la conexión humana y la presencia física. Será necesario repensar el formato de la sucursal para que encaje de manera natural en la vida de las personas, ofreciendo conveniencia, velocidad y profundidad tanto en el mundo digital como en el físico, sin perder nunca el hilo de la experiencia.
La tercera tendencia es la adopción a escala de la IA Agentica. Los bancos líderes ya están implementando agentes de IA en sus operaciones, donde trabajan junto a los empleados y gestionan de forma autónoma tareas definidas. Estos cambios están transformando rápidamente la naturaleza del trabajo y, en última instancia, permitirán desbloquear nuevas eficiencias y oportunidades de crecimiento. El éxito dependerá de poner a las personas en el centro del cambio. Los ejecutivos deberán empoderar a sus equipos para replantear los flujos de trabajo y co-diseñar interacciones humano–IA intuitivas.
La cuarta tendencia es la deuda tecnológica. En los últimos 15 años, el costo de la tecnología bancaria ha crecido alrededor de cuatro veces más rápido que los ingresos del sector, y gran parte de ese gasto se ha destinado simplemente a mantener los sistemas operativos. Este desequilibrio no es sostenible. La próxima ola de liderazgo en la banca dependerá de cuán rápido las instituciones logren transformar esta debilidad en una fortaleza. Modernizar el core tecnológico puede ser un nuevo motor de crecimiento. La quinta tendencia se relaciona con los riesgos. El riesgo en los bancos no solo se está multiplicando a gran velocidad; también se está difuminando y entrelazando. La paradoja es que, a medida que los equipos de riesgo se vuelven más especializados y cuentan con más datos, su visión global se fragmenta cada vez más. Esta fragmentación se ha convertido en uno de los puntos ciegos más peligrosos de los bancos. Refleja la forma en que los bancos están estructurados: organizados por productos, gestionados en silos y gobernados por marcos que replican esos mismos silos. Los bancos deberán replantear el riesgo como una capacidad integrada, que conecte todas las dimensiones de la empresa y se extienda también a su ecosistema.
La sexta tendencia es la necesaria evolución del balance de los bancos. Durante siglos, el poder de la industria bancaria ha provenido de su balance tipo fortaleza: los depósitos y los préstamos que anclan las relaciones con los clientes y generan aproximadamente dos tercios de los ingresos bancarios globales. Hoy, esa fortaleza está bajo asedio desde dos frentes.
Primero, las fintech —históricamente enfocadas en los pagos, es decir, en los caminos que conducen a lafortaleza— ahora están apuntando directamente a los productos centrales de los bancos. Las stablecoins están atacando los depósitos, mientras que el crédito privado va tras los préstamos. En segundo lugar, los clientes están adquiriendo un control sin precedentes sobre la gestión de su dinero con interfaces impulsadas por IA generativa. Para responder de manera efectiva, los bancos deberán replantear por completo la forma en que conciben la gestión de sus balances, con movimientos defensivos y ofensivos. En lo defensivo, los bancos pueden pasar de silos de productos a ofertas integradas para adelantarse a competidores impulsados por IA, capaces de optimizar tasas y retornos de forma instantánea. En lo ofensivo, pueden tomar la iniciativa desarrollando sus propios motores de optimización de tasas o incluso cambiar las reglas del juego mediante nuevas alianzas con actores emergentes, tal como lo está haciendo PayPal con OpenAI.
El mensaje para 2026 es claro: los cambios tecnológicos que ya están en marcha reconfigurarán la banca de formas que recién comenzamos a comprender y liberarán oportunidades como nunca. El progreso en los bancos será más rápido, más inteligente y, de manera crucial, más profundamente humano.