La historia de Monteviejo comienza en 1985 en Burdeos, Francia, donde la familia Péré Vergé sentó las bases de un proyecto atravesado por la tradición vitivinícola. A fines de los años 90, Catherine Péré Vergé —una figura clave en la industria— encontró en Argentina un nuevo desafío: explorar el potencial del Valle de Uco y dar forma a una bodega que combinara la precisión francesa con la expresión del terroir local.
De la mano de Michel Rolland, participó en la creación de Clos de los 7 y fundó Monteviejo, consolidando con el tiempo una identidad basada en la elegancia, el trabajo sobre el origen y la interpretación del viñedo.
Hoy, bajo la dirección de Elise Treiber —nieta de la fundadora y actual CEO— la bodega inicia una nueva etapa, en la que el legado se proyecta con una mirada contemporánea. Junto al enólogo José Mounier, esta generación continúa explorando el Valle de Uco desde el viñedo, sumando nuevas lecturas sin perder la esencia.
“Ser la nueva generación implica asumir una responsabilidad muy grande, pero también una oportunidad: seguir construyendo sobre lo que ya existe, aportando una mirada actual sin perder la esencia de Monteviejo”, señala Elise Treiber.
En este nuevo recorrido que atraviesa la bodega, Monteviejo presenta Les Fleurs y La Grande Fleur, dos nuevas líneas que reflejan el presente de la bodega y la evolución de un proyecto con más de dos décadas de historia.
Les Fleurs, por su parte, aparece como una colección que invita a descubrir el Valle de Uco desde otra perspectiva. Conformada por cuatro vinos —Malbec, Cabernet Franc, un blend y un Blanc de Noir— la línea combina distintas zonas como Campo de Los Andes, La Consulta y Altamira, dando lugar a vinos que priorizan la expresión, la frescura y el carácter gastronómico.
“Les Fleurs nace de esa búsqueda por reinterpretar nuestro origen. Es una forma de conectar distintos lugares del Valle de Uco y mostrar que todavía hay mucho por descubrir dentro de nuestra propia historia”, agrega.
En cambio, La Grande Fleur proviene de un viñedo centenario. Este Malbec de producción limitada es un homenaje a Catherine Péré Vergé y una forma de traducir el legado familiar en una nueva expresión. Se trata de un vino elaborado a partir de uvas de más de 100 años, desgranadas a mano y microvinificadas en barricas nuevas de roble francés, con una crianza prolongada que busca profundidad, elegancia y longevidad. Dentro del portfolio de Monteviejo, se posiciona como un vino-manifiesto, no sólo por su lugar en la alta gama, sino por lo que representa a nivel emocional: la continuidad entre las generaciones dentro de la bodega.
“La Grande Fleur es un vino muy especial para nosotras. Tiene que ver con agradecer, con recordar y con transformar ese legado en algo que siga vivo, proyectándose hacia el futuro”, añade Treiber.
El Valle de Uco sigue siendo el eje del proyecto. Su altitud, amplitud térmica y diversidad de suelos permiten trabajar con una materia prima de gran precisión. En Monteviejo, ese potencial se aborda desde un trabajo minucioso en el viñedo —poda, seguimiento por parcela y definición del momento de cosecha—, acompañado por una enología de raíz francesa que busca preservar la expresión del origen.
Ambas líneas fueron presentadas en encuentros en Buenos Aires y Mendoza junto a clientes y referentes del mundo del vino, en un formato que acompañó el espíritu de esta nueva etapa, que —como resume Elise Treiber— “tiene que ver con respetar de dónde venimos, pero también con animarnos a seguir construyendo lo que viene”.
Dos propuestas distintas, pero atravesadas por una misma idea: el vino como una forma de contar de dónde viene Monteviejo y hacia dónde quiere ir. Una bodega donde conviven tres generaciones de mujeres, el trabajo en el viñedo y una sensibilidad que entiende al vino no solo como producto, sino como experiencia.
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