Sauvignon Blanc, esa blanca y salvaje tentación (y de las más populares)

Por estos días se celebra en el mundo el Día del Sauvignon Blanc, la efeméride es algo amplia: hay quien dice que su día es el 1 de mayo, otros afirman que es el primer viernes de mayo. Lo cierto es que es uno de los cepajes blancos más populares y en Argentina despierta un creciente interés entre los consumidores. 

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Su nombre la define: “blanca y salvaje” y los agrónomos y  enólogos que la conocen resaltan su capacidad de adaptarse a diferentes terruños. “Es reveladora de climas y añadas”, dicen los que saben porque esta uva adquiere características muy propias del lugar y el clima donde es cultivada. Para quienes prefieren los vinos con un toque de acidez, secos y expresivos en sus aromas, el Sauvignon Blanc es candidato a quedarse entre sus preferencias.

Una variedad cosmopolita

Si bien el origen de esta cepa es francés, su espíritu cosmopolita y su gran capacidad de adaptación la llevaron a expandirse hacia todas las latitudes. Tanto es así que actualmente es una de las variedades más reconocidas a nivel mundial. Chile, Nueva Zelanda y Sudáfrica han ganado fama mundial con sus Sauvignon Blanc. “Nueva Zelanda y Chile muestran muy marcadas las notas aromáticas, sobre todo, las que evocan a la ruda, espárragos y arvejas. En otras regiones con menos influencia marítima dan aromas más cítricos o tropicales”, explica Fernando Losilla, enólogo de Las Perdices.

Sauvignon Blanc para todos los gustos

En Argentina, se cultiva en todas las regiones y es singular encontrar cómo se expresa en los viñedos de la puna norteña, qué cualidades le otorga el desierto mendocino y qué diferencias se marcan en los vinos que se obtienen con esta cepa en la Patagonia. Es que los vinos traducen muchas de las características del paisaje y el Sauvignon Blanc es uno de los que más expresa el territorio que lo cobija. Así, en los climas más cálidos, la uva desarrolla aromas que rápidamente se distinguen como tropicales, mientras que, en los climas más fríos, como los de Patagonia y en regiones donde los viñedos se cultivan a mayor altitud, los vinos de esta variedad ofrecen aromas más herbáceos y ahumados. 

Es bueno recordar que cuando se recomienda beber un vino joven es porque se buscan en él los aromas y gustos que son propios de la uva y generalmente se trata de vinos frescos. Es el caso del Sauvignon Blanc que, apenas destapado, entrega aromas que recuerdan a frutas como pomelo o melón, a hierbas como ruda, eucalipto y en la boca sintetiza perfectamente el equilibrio entre acidez y dulzura, siempre refrescante. No obstante, esta variedad se puede elaborar pensando en un vino de guarda, es decir que tiene capacidad de pasar una temporada en barricas de madera para ganar complejidad, estructura y afrontar el paso del tiempo con notas distintivas. "Los Sauvignon Blanc que se fermentan ganan ese estilo que llamamos “fumé” precisamente por los aromas ahumados que se desarrollan en la crianza. En estos vinos la madera empieza a jugar un papel importante, aporta notas que recuerdan a pan tostado y vainilla que se unen maravillosamente con el perfil herbáceo propio de la variedad", comenta Fernando Losilla. Será cuestión de leer atentamente la etiqueta y la contraetiqueta para empezar a develar qué depara el Sauvignon Blanc que llega a la copa.

Del sur, del norte, joven o con crianza en madera, hay un Sauvignon Blanc para cada estilo, ocasión, bolsillo y para cada comida. En el mercado local hay muchísimas etiquetas para descubrir por qué el Sauvignon Blanc tiene una conexión especial con las y los consumidores argentinos.

(Fuente Fondo Vitivinícola)

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