Cada 5 de septiembre, la industria vitivinícola argentina celebra el Día del Enólogo, la fecha que reconoce a los profesionales responsables de convertir la uva en una de las bebidas más representativas del país. En ese marco, desde InfoVinos dialogamos con Mariano Diletti, enólogo de Bodega Familia Schroeder, sobre cómo cambió la profesión, hacia dónde va el consumo global de vino y qué lugar ocupa hoy la Patagonia en el mapa vitivinícola argentino.
InfoMendoza: ¿Cómo ves el rol del enólogo en estos tiempos?
Mariano Diletti: El rol del enólogo ha dejado de ser exclusivamente técnico para convertirse en una posición de liderazgo estratégico del producto y adaptación al mercado. Hoy el consumidor bebe menos volumen, pero exige mayor precisión, calidad y autenticidad en cada copa. El desafío es entender qué busca la nueva generación: menos graduación alcohólica, frescura, sustentabilidad y una narrativa transparente y clara.
La baja del alcohol o la desalcoholización total no debe verse como una amenaza, sino como una frontera de innovación técnica. Esto exige dominar las tecnologías de elaboración y conservación para mantener la expresión del terruño, el cuerpo y los aromas sin el amparo del alcohol.
En este escenario de retracción global, el valor desplaza al volumen: el dúo agronomía-enología debe optimizar el proceso desde la viña a la botella para garantizar que cada etiqueta entregue la máxima expresión posible en su franja de precio. La exigencia del mercado debe ser el motor de la excelencia operativa y creativa.
IN: ¿Cuáles son los desafíos de la industria?
MD: Parte del desafío de la industria es transformar esta crisis de volumen en una oportunidad de valor y relevancia. Las prioridades de los consumidores han cambiado: están orientados al bienestar personal, la practicidad del envase y la autenticidad de la oferta. La tendencia del consumo consciente exige dejar de competir con otras bebidas y comenzar a integrarse con nuevos estilos de vida. Ya no es un nicho, es una exigencia del mercado global.
Hay que enfocar los esfuerzos en mercados emergentes y canales de distribución de buen rendimiento.
IN: ¿Cuál es, a tu criterio, el valor de la profesión en Argentina y principalmente en la Patagonia?
MD: El enólogo es el guardián de la identidad territorial. El creador, el guionista. En Argentina también interpreta sueños y suelos, liderando equipos: manos a la obra y visión comercial.
La Patagonia ofrece brisas constantes que brindan sanidad a los frutos, amplitud lumínica durante todo el ciclo y una amplitud térmica sobre todo durante las últimas semanas de maduración, que devienen en elegancia, acidez natural balanceada y frescura en la nariz y el paladar. Hay que aprender a interpretar ese paisaje infinito sin sobreintervenirlo en la bodega.
Es embajador de la escasez y el prestigio del terroir: entiéndase por la baja participación de la Patagonia en el total argentino y por sus partidas únicas e irrepetibles.
IN: ¿Qué lugar creés que ocupa el vino para los argentinos y hacia dónde se podría correr la industria?
MD: El vino argentino es más que una bebida fermentada. Es identidad, cultura y tradición, conector emocional y social, y la Bebida Nacional. Estos últimos años pasó de ser un insumo de consumo cotidiano a una experiencia de disfrute consciente, ligada muchas veces al turismo, la gastronomía de cada zona productora y la identidad de las provincias.
Veo el futuro en la versatilidad, en la amable graduación, en blancos de alta gama, rosados frescos y florales, y espumosos para consumir.
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