Durante décadas, "estar enfermo" significó, casi automáticamente, ir a un hospital, hacer fila en un consultorio o quedar internado en una cama sanatorial. Ese modelo empieza a ceder terreno frente a una forma de atender la salud que gana protagonismo en todo el mundo: la medicina domiciliaria, un concepto que va mucho más allá de la vieja idea de "cuidados en casa para un enfermo grave" y que hoy acompaña a la persona en todas las etapas, desde el control preventivo cuando está sana hasta la internación domiciliaria pos quirúrgica o el acompañamiento de pacientes crónicos en su propio hogar.
Un concepto más amplio de lo que parece
Cuando se habla de medicina domiciliaria, la imagen inmediata suele ser la de una internación compleja. Pero el término engloba un espectro mucho más amplio de prestaciones: atención primaria de la salud y controles preventivos, vacunación, kinesiología, enfermería especializada, rehabilitación motora y respiratoria, cuidados paliativos, atención de heridas y ostomías, e incluso internaciones completas —con médicos intensivistas, oxígeno, camas ortopédicas y bombas de infusión— que se resuelven en el domicilio del paciente en lugar de una cama sanatorial.
Esa amplitud es, precisamente, lo que explica su crecimiento. La medicina domiciliaria no espera a que la persona se enferme: desde un enfoque preventivo, permite controlar la salud de alguien que está sano, acompañar procesos de rehabilitación, y —cuando la enfermedad aparece— evitar o acortar estadías hospitalarias prolongadas. Eso reduce la exposición del paciente a infecciones intrahospitalarias y ofrece una atención más personalizada en un entorno que favorece la recuperación, sin resignar calidad técnica.
Dentro de los cuadros de mayor complejidad, la modalidad domiciliaria también da respuesta a pacientes complejizados: personas con respirador o respiración asistida, pacientes electrodependientes que requieren equipamiento eléctrico permanente, o con tratamientos endovenosos prolongados, entre otros casos que hasta hace pocos años solo podían resolverse dentro de un sanatorio.
“La medicina domiciliaria, incluida la hospitalización domiciliaria, constituye una herramienta estratégica con impacto asistencial, epidemiológico y ambiental. Además, se integra plenamente al enfoque de la medicina basada en valor, porque organiza el cuidado en torno a los resultados que realmente importan a cada paciente: su recuperación, autonomía, calidad de vida, experiencia y continuidad asistencial, y no al simple volumen de prestaciones. Su sustentabilidad no consiste en utilizar menos insumos a cualquier costo, sino en brindar la atención adecuada, en el momento y el ámbito apropiados, optimizando los recursos sin comprometer la calidad ni la seguridad. Frente al envejecimiento poblacional, el aumento de las enfermedades crónicas y la presión creciente sobre el sistema sanitario, fortalecer este modelo representa una decisión estratégica para el futuro de la atención en salud” explica la Dra. Paulina Nasetta, Directora Médica de Nexovitalis
Qué pasa con las obras sociales
“La internación domiciliaria todavía suele ser considerada como una alternativa posterior a la hospitalización, cuando el paciente ya no requiere permanecer en una institución o determinadas circunstancias permiten continuar el tratamiento en su hogar. Sin embargo, frente a un sistema de salud con demanda creciente y hospitales y clínicas que frecuentemente trabajan con altos niveles de ocupación, resulta necesario ampliar esa mirada. Cuando las condiciones clínicas lo permiten, la internación domiciliaria puede ser no solo una instancia posterior, sino también una alternativa previa a la internación hospitalaria, reservando camas e infraestructura de mayor complejidad para quienes realmente las necesitan” explica María Paula Arribas, Directora de Administración y Finanzas de Nexovitalis.
En Argentina, la cobertura de estas prestaciones no siempre es automática ni está suficientemente difundida. La internación domiciliaria está incluida dentro del Programa Médico Obligatorio (PMO), que fija un piso mínimo de cobertura, pero en la práctica muchos afiliados desconocen que pueden acceder a este tipo de atención, y las obras sociales y prepagas no siempre informan proactivamente sobre esa posibilidad. Existen incluso antecedentes judiciales que remarcan que el PMO establece un piso de prestaciones y no un techo, por lo que ante la negativa de cobertura los pacientes tienen herramientas para reclamar.
“Para las obras sociales y demás financiadores existe, además, un argumento económico muy significativo: en aquellos casos susceptibles de ser tratados bajo esta modalidad, la internación domiciliaria puede representar una reducción del costo del orden del 40% al 50% respecto de una internación hospitalaria, además de los beneficios que supone para el paciente continuar su tratamiento o recuperación en su entorno familiar y con adecuada supervisión profesional” agrega Arribas.
La profesional asegura que “esta posibilidad adquiere especial relevancia en provincias como Mendoza y San Juan, donde el desarrollo de la actividad minera plantea perspectivas de crecimiento y una consecuente mayor demanda sobre los servicios de salud. Anticiparse a ese escenario requiere pensar no solamente en ampliar infraestructura hospitalaria, sino también en desarrollar modelos asistenciales capaces de aumentar la capacidad efectiva del sistema”
El desafío para las obras sociales es, entonces, comenzar a considerar la internación domiciliaria no como una solución excepcional o de último recurso, sino como una herramienta estratégica de planificación sanitaria que puede mejorar simultáneamente la atención del paciente, descomprimir la infraestructura existente y optimizar significativamente los recursos económicos del sistema de salud.
Arrigas concluye “se trata de cambiar el paradigma: de administrar camas a administrar integralmente el recorrido asistencial de cada paciente”. El sector cuenta además con un marco de organización propio: empresas especializadas se nuclean en la Cámara Argentina de Empresas de Internación Domiciliaria (CADEID), que reúne a prestadores con más de 20 años de trayectoria y una red de cobertura a nivel nacional, ofreciendo respaldo institucional y estándares de calidad para pacientes y financiadores.
Una modalidad pionera en Argentina
Lejos de ser una tendencia importada, la internación domiciliaria tiene una historia particular en la región: Argentina fue el país donde, en 1988, se inauguró en Buenos Aires la primera unidad de internación domiciliaria del mundo, pensada para descongestionar las salas hospitalarias y ofrecer a los pacientes un entorno más humano para su recuperación. Desde entonces, el sistema se extendió por todo el país y hoy forma parte del PMO.
En la región, Brasil también muestra un desarrollo importante de la atención domiciliaria y paliativa, en un proceso que distintos estudios ubican, junto con Argentina y Uruguay, entre los países de América Latina con mayor despliegue de este tipo de cuidados. En paralelo, el mismo modelo se consolidó en países como Australia y Noruega, donde la atención aguda en el hogar está disponible hace más de 15 años en la mayoría de los hospitales; en el Reino Unido, donde el sistema público NHS expandió sus "salas virtuales" domiciliarias con tasas de sobrevida comparables a la internación tradicional; y en Estados Unidos, donde un programa federal de internación domiciliaria aguda impulsado durante la pandemia ya integraba a más de 300 sistemas de salud hacia mediados de 2024. El envejecimiento poblacional, el menor costo de un día de atención domiciliaria frente a un día de internación tradicional, y la maduración de la telemedicina explican por qué cada vez más países vienen desplazando prestaciones hacia el hogar del paciente.
Nexovitalis: un jugador de referencia en Mendoza
En ese contexto nacional e internacional, Mendoza tiene su propio actor especializado: Nexovitalis, marca registrada de CARIM S.A., que se dedica a ofrecer cuidados de salud de excelencia con foco en la internación domiciliaria y la salud empresarial. La compañía es miembro de CADEID, lo que la enmarca dentro de los estándares y la red nacional de prestadores del sector.
Su propuesta abarca dos grandes líneas de negocio. Por un lado, las prestaciones médicas domiciliarias: internación domiciliaria con médicos generalistas e intensivistas, rehabilitación motora, respiratoria y neurológica, enfermería especializada, terapia ocupacional y cuidadores; especialidades médicas como clínica y pediatría; atención primaria de la salud —incluyendo control de embarazo, niño sano y vacunación—; atención integral al adulto mayor; y diagnóstico y tratamientos específicos como ecografías, radiografías, electrocardiogramas y laboratorio a domicilio.
Por otro lado, la compañía desarrolló una línea de salud empresarial que la posiciona como socio estratégico de compañías de la provincia: evaluación de riesgo epidemiológico poblacional, medicina in company con modalidad presencial o híbrida, programas de salud para posiciones de liderazgo, gestión del ausentismo laboral y campañas de vacunación corporativa. A esto se suma un segmento de servicios para Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), con rehabilitación, psicodiagnóstico, enfermería, laboratorio y radiología a domicilio para trabajadores accidentados.
Una tendencia que llegó para quedarse
El avance de la medicina domiciliaria no es una moda pasajera: responde a una ecuación que combina mejor calidad de vida para el paciente, menor costo para el sistema de salud y una demanda creciente de una población que envejece y que convive cada vez más con enfermedades crónicas. En ese escenario, contar con prestadores especializados, integrados a cámaras del sector y con una oferta que cubre desde la prevención hasta la internación compleja, se vuelve un factor clave tanto para las familias como para las empresas que buscan cuidar la salud de sus equipos.
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