La tradicional idea de que el éxito comercial dependía de grandes superficies en avenidas principales ha quedado obsoleta, dando paso a modelos de negocios livianos y con una especialización quirúrgica en los servicios.
En Argentina, el sector ya supera los 60.000 puntos de venta activos, impulsado por una tendencia clara hacia las estructuras "low cost". Estas opciones se caracterizan por inversiones que inician desde los USD 10.000 en servicios y USD 35.000 en modelos comerciales.
El nuevo perfil del inversor
El mercado identifica hoy dos perfiles predominantes. Por un lado, el profesional que busca el autoempleo como refugio ante la incertidumbre del mercado laboral tradicional.
Por otro, un inversor estratégico que trata a la franquicia como un producto financiero, buscando rentabilidad y plazos de recupero claros sin necesariamente operar el día a día.
¿Por qué lideran los modelos de baja inversión?
La expansión se apoya en tres pilares fundamentales:
- Costos fijos bajo control: los locales ceden terreno ante espacios optimizados de hasta 45 m², ubicados donde el cliente realmente circula.
- Independencia de stock: en rubros como educación, estética, servicios o logística, el activo principal es el conocimiento y la atención, eliminando el peso financiero de la mercadería.
- Estructuras simplificadas: procesos operativos que requieren un máximo de tres personas.
En Mendoza, la innovación se manifiesta en formatos creativos como góndolas o islas en centros comerciales, locales compartidos (co-franchising) para atomizar gastos de alquiler, espacios “mini” y formatos móviles que eliminan la barrera del local físico tradicional.
El éxito en 2026 ya no se mide por el tamaño de la vidriera, sino por la capacidad de gestión y la adaptabilidad a un consumidor que hoy prioriza la conveniencia y la experiencia.
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