El parque, desarrollado por Emesa y ejecutado por Genneia, implicó una inversión de US$ 160 millones y se posiciona como uno de los emprendimientos fotovoltaicos más importantes de la región de Cuyo. Está equipado con 360.000 paneles solares bifaciales de última generación, capaces de captar radiación por ambas caras para maximizar la eficiencia.
Se estima que producirá 497.000 MWh anuales, energía suficiente para abastecer el consumo de aproximadamente 125.000 hogares y evitar la emisión de más de 220.000 toneladas de dióxido de carbono por año. Son cifras que dimensionan el impacto ambiental y productivo del proyecto.
Energía como motor de desarrollo
Anchoris no es un hecho aislado. Se integra a una red creciente de parques solares que están cambiando el mapa energético provincial. Hoy Mendoza cuenta con desarrollos en operación como Malargüe I (90 MW), San Rafael I (180 MW), El Quemado en Las Heras (305 MW, con 200 ya en funcionamiento), además de proyectos en Santa Rosa, San Martín y otros puntos estratégicos.
Con las obras en ejecución y las previstas, la provincia proyecta superar este año los 700 MW solares instalados y avanzar hacia más de 1.000 MW en los próximos años. Esa escala no solo fortalece el abastecimiento eléctrico sino que posiciona a Mendoza como un polo atractivo para industrias que demandan energía limpia bajo el régimen del Mercado a Término de Energías Renovables (MATER).
En un contexto global donde la competitividad productiva está cada vez más asociada a la huella ambiental, disponer de energía renovable a gran escala deja de ser un diferencial simbólico y se convierte en una ventaja estratégica.
Trabajo y capacidades locales
Durante su construcción, Anchoris empleó a más de 350 personas en el pico de obra, en su mayoría trabajadores mendocinos. Ese proceso no solo generó empleo directo sino que fortaleció capacidades técnicas vinculadas a la ingeniería, la logística y el montaje de infraestructura renovable.
La consolidación de este tipo de proyectos contribuye a formar un entramado local especializado, que puede replicarse en futuras inversiones. La energía solar deja así de ser solo un recurso natural abundante —por la radiación privilegiada de la región— para transformarse en una industria con conocimiento y experiencia acumulada en territorio.
Una matriz que se diversifica
Históricamente asociada al vino y al petróleo convencional, Mendoza viene transitando una etapa de diversificación. La caída en la producción tradicional de hidrocarburos aceleró la necesidad de ampliar horizontes productivos. En ese proceso, la energía solar emergió como una respuesta coherente con las condiciones geográficas de la provincia.
Anchoris representa esa transición: combina inversión privada, planificación técnica y recursos naturales para generar energía limpia, eficiente y económicamente viable.
La inauguración del parque no es solo la puesta en marcha de 360.000 paneles bajo el sol mendocino. Es la confirmación de que la provincia encontró en la energía renovable un eje de crecimiento que dialoga con su identidad: aprovechar lo que la tierra y el clima ofrecen, transformarlo con trabajo local y proyectarlo hacia el desarrollo sostenible.
En definitiva, más que un acto puntual, Anchoris simboliza una etapa en la que Mendoza apuesta a que su energía —en todos los sentidos— sea protagonista de su futuro.
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