En los últimos meses, los centros comerciales de Mendoza comenzaron a mostrar una transformación silenciosa pero sostenida. A la clásica propuesta de locales, promociones y patios de comida se le suma ahora un nuevo protagonista: las ferias de emprendedores, diseño y arte local. Lejos de ser un hecho aislado, este fenómeno abre una pregunta clave: ¿se trata de una tendencia cultural en crecimiento o de una estrategia para aumentar la circulación y el tiempo de permanencia de los visitantes?
La escena se repite en distintos puntos de la provincia. Paseo Dorrego, por ejemplo, incorporó a su agenda propuestas como ARTmósfera, una feria que combina diseño independiente, arte, gastronomía y música en vivo. Durante una jornada, el centro comercial se transforma en un espacio híbrido donde conviven objetos de autor, cosmética natural, marroquinería, propuestas gastronómicas y actividades recreativas. El resultado es un entorno más dinámico, que invita no solo a comprar sino también a recorrer, descubrir y permanecer.
Este tipo de iniciativas responden a un cambio más profundo en los hábitos de consumo. El visitante ya no busca únicamente adquirir productos: prioriza la experiencia. En ese contexto, las ferias aportan valor diferencial al convertir al centro comercial en un espacio de encuentro
Sin embargo, detrás de esta apertura también hay una lógica comercial clara. Cuanto mayor es el tiempo de permanencia del público, mayores son las فرصidades de consumo. Las ferias funcionan como un atractivo que incrementa el flujo de visitantes, activa sectores menos transitados y genera contenido atractivo para redes sociales.
La tendencia no se limita a un solo caso. La Asociación de Empresarios de la Construcción (ARGA), por ejemplo, sumó ferias de emprendedores a su tradicional Noche de la Construcción, incorporando una dimensión más cercana y accesible a un evento históricamente técnico. Por su parte, espacios como Jumbo o Planta Uno integran de manera periódica propuestas como Flor de Feria, consolidando una agenda que combina comercio, entretenimiento y seguridad.
En todos los casos, se repite un mismo esquema de colaboración: grandes superficies comerciales que abren sus puertas a pequeños productores y creativos. Para los emprendedores, significa visibilidad y acceso a nuevos públicos; para los centros comerciales, una forma de renovar su propuesta y adaptarse a un contexto donde el comercio electrónico y los cambios en el consumo cambian.
Más que una moda pasajera, todo indica que estamos frente a una evolución del modelo tradicional de retail. Inspirados en experiencias que ya se consolidaron en países como Chile, los malls locales comienzan a posicionarse como espacios de experiencia, donde el consumo se combina con el entretenimiento y la cultura.
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