A pocos días del inicio de una nueva Vendimia, la vitivinicultura mendocina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. La comparación de los informes del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) sobre el mercado externo en enero de 2025 y enero de 2026 muestra una retracción sostenida de las exportaciones, en un contexto internacional marcado por la caída del consumo, la mayor competencia entre países productores y el aumento de los costos logísticos.
Según datos oficiales del INV, durante 2025 Argentina exportó cerca de 1,93 millones de hectolitros de vino, lo que significó una baja interanual cercana al 7%, mientras que el ingreso de divisas se ubicó en torno a los USD 660 millones, el nivel más bajo en más de una década. En el arranque de 2026, la tendencia no logró revertirse: el informe de enero refleja que, si bien hubo algunos repuntes puntuales en vino blanco y granel, el volumen total exportado continúa condicionado por la debilidad de la demanda externa y por precios que no logran compensar los costos internos.
El presidente del INV, Carlos Tizio Mayer, advirtió que el escenario obliga a una revisión profunda de la estrategia exportadora. “El mercado internacional está más chico y más competitivo. Hoy no alcanza con producir más, sino que es clave sostener calidad, diversificar destinos y mejorar la inserción comercial de nuestros vinos”, señaló en declaraciones recientes a medios sectoriales.
El impacto de este freno externo se siente de lleno en Mendoza, principal provincia productora del país. Menos exportaciones implican más vino en el mercado interno, mayor presión sobre los precios y dificultades para absorber la cosecha. Esta situación explica la preocupación creciente de los productores ante la Vendimia 2026.
Desde el sector bodeguero, la advertencia es clara. El enólogo y empresario Walter Bressia afirmó que “la cadena está tensionada por todos lados: los costos suben, los mercados no convalidan precios y eso termina afectando directamente al productor de uva. Si no se equilibra la relación entre valor y rentabilidad, el sistema se vuelve inviable”. En la misma línea, referentes como Alejandro Vigil y Eduardo López han planteado en distintos foros que la industria enfrenta un cambio estructural, con consumidores que compran menos vino y buscan productos más económicos.
La crisis del mercado externo se combina con un problema interno que ya genera alarma. Un informe reciente del diario MDZ advierte que en la próxima Vendimia podría quedar uva sin cosechar. Algunas bodegas ya anticiparon que no comprarán materia prima y otras ofrecen precios que no alcanzan a cubrir los costos de cosecha, lo que pone en jaque a pequeños y medianos viñateros.
De acuerdo con estimaciones del sector, Mendoza podría producir alrededor de 13 millones de quintales de uva en la próxima campaña, pero la capacidad de absorción del mercado es limitada. “Hoy la uva no tiene precio y hay variedades que directamente no van a tener destino”, reconoció un productor citado por ese medio, en una postal que expone la dimensión social de la crisis.
La Vendimia, símbolo de celebración e identidad cultural, llega así atravesada por un contexto económico adverso. Los datos del INV confirman que el mercado externo ya no funciona como válvula de escape para los excedentes de producción, mientras que las bodegas ajustan compras y los productores enfrentan márgenes cada vez más estrechos.
En este escenario, la fiesta mayor de los mendocinos se desarrollará con un trasfondo de preocupación. Entre los brindis y los festejos, la vitivinicultura enfrenta el desafío de redefinir su modelo productivo y comercial para un mundo que consume menos vino y exige más competitividad. La Vendimia 2026, más que un cierre de ciclo, aparece como una señal de alerta para una de las principales economías regionales del país.
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