Donde las calles no tienen nombre (parte 1)

(Por Fausto Manrique) Una niebla espesa propia del reciente amanecer y una pequeña garúa. El calor y la humedad temprana anticipaban un día pesado por demás. Caminos sinuosos, estrechos, selváticos, muchas construcciones precarias, grafitis, paredes repletas de grafitis. ¡Entre el arte y el reclamo social, la cara del Che!
 

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Las calles atestadas de motos, motos que oficializan de transporte de mercancías. La moto y las bolsas de cemento, la moto y la viga de hierro, la moto y las jaulas con pájaros, la moto y la familia tipo, la moto y el señor de los globos, las motos y las tablas de Surf, y así las motos y sus bocinas son las dueñas de un País que marca el tempo de su música típica: Gamelan Gong Kebyar.

Llegamos a una costa carente de infraestructura, una especie de puerto, bahía o playa ancha. Sin un orden específico, un sinfín de camiones mal estacionados, camionetas, motos y más motos, todos repletos de encomiendas, animales, verduras y mercaderías, listas para ser depositadas en pequeñas embarcaciones que aguardaban en el agua muy cerca de la costa. A todo este caos, típico de un país súper poblado, se le sumaba la  “trata de blancos”. Cientos de turistas aguardaban para subir a pequeñas lanchitas, para luego ser trasladados mar adentro y así hacer el trasbordo a barcos o lanchas de mediano porte.

Indonesia es un país insular que comprende un total de 17.500 islas y es habitado por más de 260 millones de personas (4to país más habitado del mundo). Nuestra intención era llegar a una de esas Islas perdidas en el medio del océano. Gili Island Trawangan

Tres horas de saltos y sobresaltos. Un mar picado. Una lancha que le daba pelea y un Capitán inmutable. Treinta turistas de no supimos dónde. No daba para conversar, no te podías dormir, no podías leer, y así nosotros seguíamos en ayunas. Solo podías escuchar música ¡y el resto de los tripulantes estaban en la misma sintonía! El Ipod con mucha diversidad para seleccionar, ¡pero debo admitir que fueron 3 hs de sólo U2! La música era la distracción al pensamiento de que esa lancha se podía partir en dos y que tu vida se iba a terminar aferrando a un pedazo de madera. Gracias Dios. ¡Dios es música!

El capitán, hace ademanes con una mano, mientras que con la otra bajaba la palanca de la velocidad. Nos señala el agua. Estábamos siendo escoltados por un cardumen de Delfines. Luego grita, en un inglés parecido al mío, Twenty Minutes to Gili. Vuelve a acelerar ¡y la inercia me recuerda que nosotros seguíamos en ayunas!

Finalmente, ¡la Gili frente nuestro! Una isla “ecológica”, sin vehículos a motor, que se puede recorrer  caminando en tan solo una hora. Con playas de arena blanca y un mar turquesa interminable. Una inmensa riqueza marina. Un paraíso en el medio del océano Índico, donde Dios es Alá (en Indonesia la población es Musulmana), Jesús es Messi y la Virgen María, ¡también es Argentina! Hoteles rústicos, posadas, barcitos de playa, uno que otro restaurante montado sobre la arena, escuelas de buceo, contratación de tours, alquileres de equipos de snorkel y un par de tiendas que te sacan de cualquier apuro. Toda esta actividad comercial tirada sobre la costa este de la isla y sobre la única calle principal que le da la vuelta completa a la Gili.

Miles de turistas caminando, trotando, en bici, leyendo, escuchando música y esquivando a los sulquis que oficializaban de “fletes y Ubers”. Demasiada efervescencia para ser una isla perdida en el océano.

Desde un puerto sin muelle, nos volvemos a mojar para llegar a la costa, y de ahí, en una carreta comandada por un chico con túnica y “Ray Ban Copy”, nos lleva hasta el hotel. Un hotel frente a la playa, cruzando la calle de tierra (como todo en la Gili). Divino. De construcción rústica (paja, palos, mimbre y bambú), pero repleto de detalles de arte y confort. 

Más de 5hs sin ingerir ningún tipo de alimento ni bebida. Me sentía muy débil, a punto de desmayarme. Nos anunciamos para hacer el check in y nos comentan que el Gerente quería hablar con nosotros. Pensamos que algo estaba mal. ¿Podía ser la reserva?¿podía ser el pago de la estadía?. ¡No entendíamos nada! Hasta que se presenta “Juan Indonesio”, y con reverencia, nos brinda un Namasté. Nos invita a sentarnos en unos sillones de madera tallada y ratán, llama a una moza, la cual cubre su pelo, orejas y cuello con un velo llamado Hiyab y le pide algo en su idioma. La chica se retira y él comienza con su discursiva: que Argentina esto, que Perón aquello, que Alfonsina Storni, que Borges, que Sábato, y Menem (ya nos habían nombrado en varias oportunidades a Carlos Saúl), y así continuaba su relato. Entre la humedad y el calor, y yo entrando en un trance profundo, entre el desmayo y el llanto. “Juan Indonesio”, sin más vueltas y directo a la yugular, nos pregunta: ¿que es de la vida de Gabriela Sabatini? Los Indonesios de “cincuenta y tantos”, ¡resultaron estar enamorados y ser fanáticos admiradores de la única Argentina en ganar un US Open! ¡Posters, Vhs, y un montón de merchandising  eran parte de la colección de Don “Juan Indonesio”! Y yo a punto de sucumbir sobre el piso impoluto de granito recién encerado. Eligiendo el costado menos doloroso para caer. Entre la realidad y la imaginación, visualizo a la chica con una bandeja, una jarra y un par de vasos. Sin preguntarnos, sirve el líquido y nos lo pasa. Selamat Datang. Bienvenidos. Y yo sin mediar agradecimiento, y sin mucho menos conocer el contenido, me empino la totalidad del brebaje, como si la orden hubiese sido: ¡fondo blanco!

El gerente se queda atónito, con sus ojos redondos abiertos como los portones del parque (los indonesios son de piel trigueña y tienen los ojos redondos). Con el asombro en su rostro, le pide a la chica que me vuelva a servir, y así otra vez, me empino el vaso a fondo blanco.

¡Té helado de jengibre, con jugo de mandarina y endulzado con miel! Una explosión de sabor, aroma y energía: 100% REVITALIZANTE…..

El alma me volvió al cuerpo, el cuerpo se puso de pie, y la mente me hizo entrar en razón: ¿Gabriela Sabatini? No tengo idea que es de la vida de Gaby, pero el hermano, está casado con mi prima Catherine.

Y así, nos alejamos de la recepción del hotel, con un pequeño quiebre de cintura a modo de agradecimiento y dejando a Don Juan, cubierto con un velo de incertidumbre……¡Continuará!

Recomendaciones Personales: Los tés fríos, las limonadas, los jugos y aguas de frutas, son la opción más sana para eliminar las bebidas gaseosas / azucaradas de nuestra dieta diaria, pero sobre todo, de la dieta de nuestros hijos.

Con respecto a los tés fríos, recomiendo preparar buena cantidad, para así tener nuestra reserva en la heladera, lo que nos permitirá acompañar cualquier comida o simplemente para hidratarnos a lo largo del día.

Té de Jengibre y cítricos
1 Jarra con Agua (la misma jarra que luego vas a usar para guardar el té en la heladera).

1 Raíz de jengibre pelada y cortada en trozos.

La cáscara de cualquier cítrico que tengas en la heladera (lima, pomelo, naranja, limón o mandarina).

4 cucharadas soperas de miel (esto es un poco a gusto personal / podés usar Stevia cuando termines la cocción o azúcar durante y a posterior).

El Jugo de un cítrico (del que usaste la cáscara).

2 Ramitas de canela (podés usar anís estrellado, pimienta negra, cardamomo, etc, etc).

Ponés todo en una cacerola y cuando rompa el hervor, contás 30 minutos a fuego lento!!! Apagás y dejás enfriar en la misma olla. Retirá el jengibre y la cáscara. Al jengibre guardalo para la próxima receta!!!!. 

A este té de jengibre lo podés tomar solo, o mezclado con jugo de algún cítrico (probalo con jugo de mandarina antes de que se acaben) o también preparando un té de tu gusto personal (negro, verde, té blanco, saborizado, etc) dejando enfriar y mezclando ambos. Decora con gajos de frutas de estación.

Almíbar de Jengibre
1 Taza de agua.

½ Raíz de Jengibre.

1 Taza de azúcar.

Cocina todo tapado a fuego lento y andá probando el sabor y la textura del almíbar…..que te quede como el almíbar de las latas de durazno. Podés agregar en la cocción canela, clavo de olor, granos de pimienta, anís estrellado, etc, etc, etc.

Este almíbar lo podés usar para endulzar tus infusiones (maté, té o café), o para endulzar postres, tartas dulces, quesos, etc.

Un Plus: Si mezclás el almibar de jengibre con agua tónica, estarías preparando la famosa Ginger Ale, con la que podés preparte un Gin Tonic o un Whiskey con Ginger Ale (Cocktail muy de moda en el mundo).  

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